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jueves, 17 de septiembre de 2009

EL COLEGIO MAYOR PEÑAFIEL EXAMINA A MARADONA

El mejor en el campo, el peor en los banquillos



¡Maradó, Maradó! gritaban los hinchas de la albiceleste cada vez que tenían el privilegio de ver ante sus ojos los excelentes goles y “gambeteos” con los que Diego Armando Maradona deslumbraba al mundo en los 80 y principios de los 90.

Aquella estrella del fútbol nacida en Lanús en 1960 se había convertido probablemente en el mejor jugador de todos los tiempos y había creado la mayor legión de fans de la historia del fútbol. Unos fans que vivieron como propio el sufrimiento que las drogas causaron en el astro argentino, aquellos que le veían como un auténtico dios que nunca cometía errores…

Maradona había creado un mito, se había convertido en algo más que un futbolista estrella, era un ser intocable para todo aquel argentino dedicado al mundo del deporte. Nadie podía ponerle en duda porque era para los argentinos “un ser superior” (como diría Butrageño de Florentino Pérez). Así que pobre del que quisiera ponerle en duda en ese país.

Algo ha tenido que cambiar y mucho para que hasta sus más enfervorizados hinchas critiquen su actuación como seleccionador de argentina. Una selección a la que Diego llegó sin ni siquiera tener la licencia apropiada para hacerlo y que sólo se explica por lo dicho en el párrafo anterior, porque en Argentina fue algo más que una persona importante o un futbolista…

Un ser incuestionable, ¿cómo no va a ser Diego un seleccionador ideal para Argentina? Si fue el mejor jugador de la historia… Esta afirmación que todavía algún periodista deportivo argentino y alguno español también son capaces de realizar, no es más que algo absurdo y carente de sentido. Existen ex-jugadores que en los terrenos de juego demostraron tener un soberbio sentido táctico y saber estar en el campo dirigiendo incluso a sus compañeros como si de una extensión del entrenador en el terreno de juego se tratasen. Esos jugadores sí que están preparados, muy probablemente para ser entrenadores posteriormente, como es el caso de Pep Guardiola, un auténtico cerebro en el campo y fuera de él.

El caso de Maradona es totalmente diferente, fue un futbolista excepcional porque tenía unas condiciones técnicas envidiables. Era capaz de desbordar a cualquiera, tenía una zurda increíble que marcaba diferencias por encima del resto, pero era un futbolista totalmente anárquico, sin rigor táctico alguno que campaba por los campos a sus anchas para demostrar lo que verdaderamente era, un futbolista diferente.




Es imposible que un jugador que en el campo (y también fuera de él) no era capaz de mantener el orden sea en el banquillo un entrenador correcto. Prueba de ello es cómo ha conseguido que, el actual mejor jugador del mundo, Leo Messi, el cual está jugando fuera de posición, no dé el rendimiento que de él se espera. No sólo él no rinde, sino que ninguno del resto de jugadores estrella que tiene la albiceleste. Esto sólo puede ser culpa del entrenador.



El problema de Argentina es que Maradona goza de la complacencia de la inmensa mayoría de personas que le rodean, empezando por aquel entrenador que está poniendo la licencia para que el astro argentino pueda estar en los banquillos, Carlos Bilardo, que sabiendo mucho más que él de cómo entrenar (no hay que olvidar que era ya seleccionador de argentina cuando el propio Maradona deslumbraba al mundo) no es capaz de corregir a Diego sus malas decisiones. Maradona debería de dimitir por el bien de Argentina y si no quiere que el nombre que se trabajó como futbolista se vea deteriorado tanto que pase de ser héroe a villano.

Cristian Padilla