…y nadie se perdió. Ayer Suso, Don Alfonso y yo realizamos una pequeña etapa en bicicleta por las sendas vallisoletanas, con final inesperado ya que llegamos todos a la vez, sanos y salvos.
Salimos del Colegio Mayor a las 11:00 de la mañana, por mi parte no esperaba que la ruta iba a ser tan larga como finalmente fue. Enseguida Don Alfonso, como los lideres de equipo, tomo la iniciativa y tiró de los otros dos, aunque sin marcar un ritmo excesivamente elevado, llegados a la altura de uno de los puentes sobre el Rio Esgueva, Don Alfonso hizo un amago de tirar por él, lo cual provocó que tuviera un pequeño choque con el ya que de repente paró en seco…para luego decir que era mejor no ir por allí.
Tras este pequeño incidente seguimos el viaje a través de la autopista hasta el Canal de Castilla donde Don Alfonso se entusiasmo en mostrarnos lo bonito que era el paisaje que el canal nos ofrecía. A continuación tuvimos que cruzar por el medio de la carretera (el tramo mas peligroso del viaje) para coger la senda hacia Fuensaldaña. De camino al citado pueblo en una cuesta en la que Suso fue el primero en coronar la cima, yo iba en segundo lugar sacándole una buena ventaja a Don Alfonso que había tenido problemas con los cambios (o eso parecía) pero en un visto y no visto nuestro querido Sacerdote realizó un sprint, que ni Oscar Freire podría igualar, para llegar antes que yo a la cumbre. Todo un profesional.
Una vez llegados a Fuensaldaña dimos una vuelta por el pueblo en la que sin pararnos, Don Alfonso nos enseñó un Castillo en el que, según él, hasta hace poco estaban las cortes de la Junta de Castilla y León, tras esto Suso y el propio Don Alfonso decidieron, en contra de mi voluntad, seguir pedaleando hasta Mucientes. Así fue, aunque el viaje se hizo bastante mas corto que el Valladolid-Fuensaldaña.
Don Alfonso ayer
Al llegar a Mucientes lo primero que nos encontramos fue una Ermita, donde Don Alfonso decidió que era el momento de rezar el Ángelus, luego nos metimos mas en el pueblo y paramos a descansar, aproveché para llenar una botella de agua de una fuente, y el Sacerdote (por no seguir repitiendo todo el tiempo “Don Alfonso”) nos dijo que podíamos ir hasta una Quesería que había a las afueras del pueblo, pero cuando llegamos allí estaba cerrada, resulta que era el único día que cerraba en todo el año (Día de Castilla y León).
Tras esto emprendimos el camino de vuelta, un camino que me habían propuesto que iba a ser diferente al de ida, mas largo, a lo que me negué una vez mas pero acabaron convenciéndome. Transcurrido un kilómetro Suso se dio cuenta de que se había dejado el casco de Damián en Mucientes, y dio la vuelta a toda prisa subiendo cuestas como si de bajadas se tratara, mientras Don Alfonso y yo decidimos dar la vuelta con el también para volver por el camino que vinimos ya que no daba tiempo a reemprender el trayecto por el otro tramo.
De Mucientes a Valladolid poco mas que contar, salvo que en una bajada muy empinada Don Alfonso nos paró a la mitad cuando íbamos a una velocidad de unos 40 Km/h para enseñarnos una fuente que no era mas que una pila con un tubo que echaba agua, y no tenía ningún atractivo mas que eso.
Llegamos a Valladolid sin complicaciones y con una marca kilómetros que indicaba la nada insignificante cifra de 36. Fue una bonita excursión, sin merienda, que se completó por la tarde con un partido, si es que estamos hechos unos triatletas¡¡¡¡.
Cristian
